Actriz. Bailarina.
De pequeña descubrí que, de entre todos los juegos, el teatro era mi favorito. Me subía a los escenarios jugando a encontrar en mi mirada la de otras personas distintas a mí y, desde ahí arriba, podía sentir la emoción de ese mundo que se dilataba hasta llegar al público. Sin saberlo creo que tropecé con el mayor regalo de la actuación: esa preciosa responsabilidad de mirar el mundo desde otros ojos y mover a través de ellos a las personas. Entonces decidí convertir mi vocación en una realidad y formarme como actriz. Ahora puedo decir que la actuación no consiste en ser alguien distinto, sino en encontrar aquello que, en apariencia, es diferente a ti y, sin embargo, ser capaz de descubrirse a uno mismo en ese lugar. Aspiro a hacer el tipo de oficio que a mí me gustaría ver y eso creo que me permite dejarme llenar del trabajo de las personas de la que pueda aprender algo y con las que pueda compartir lo que soy y mi forma de crear.